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viernes, 5 de noviembre de 2010

LA CULPA FUE DE LA VACA



Horas antes de este terrible incidente conversaba con un taxista acerca de los accidentes que generalmente en ésta zona del Perú acontecen. Los accidentes con animales que, reclamándonos talvez por la invasión humana de su hábitad natural, muchas veces se atraviezan imponentes en las carreteras marginales.
Eran las 9:30 pm aproximadamente y junto a mi compañera de aventuras misioneras, mi amada Charly, regresábamos de una iglesia. Había predicado acerca de que "jamás debemos avergonzarnos del evaneglio porque es poder de Dios". El camino de regreso a casa es casi tétrico, oscuridad sin fin, una vegetación espesa que hace singular las carreteras tocachinas, no obstante "la roja" de dos llantas y motor de 150, era la responsable de llevarnos, pero yo era el conductor. Un auto nos llevaba la delantera y nos dejaba una manta de polvo a su paso, fue por eso, más que por mis habilidades de piloto, que hicieron menguar la velocidad de 80 a 50 o quizá 40 km/hora, pero no sé cómo, cuando de pronto me di cuenta que una enorme vaca negra se atravezó como toda una dueña de la carretera, retándome quizá, no reaccioné como debía, no había tiempo para pisar el freno y solo atiné a estrellarme contra la encuerada.
¡Oh no...! Sí que dolió... No me dí cuénta cómo, pero estaba en el suelo.... la roja se apagó, y lo único que me intersaba era, mi amada cómplice de aventuras misioneras. Ella estaba allí en el suelo, no podía verla a causa de la oscuridad, me habló como siempre con dulce voz, "estoy bien" dijo, me alegré y con prontitud, intentaba casi impotente a consolarla de un dolor que si amí me era doloroso, a ella más aún pensé.
Una luz en la oscuridad se abría paso. Eran vecinos, que jamás me hablaron si yo nos les pasaba la voz, al darse cuenta del accidente, bajaron con prontitud y nos ayudaron.
Ya en la casa, dimos gracias a Dios, pues el líquido rojo, propios de sucesos como el que habíamos vivido, no se presentaron como acostumbran, en cambio, nuestras pieles estaban lastimadas. El dolor era duro. Y después de algunos minutos mirándonos con mucho amor y ternura, mi esposa atinó a decir, "LA CULPA FUE DE LA VACA".
Así fue pues, la culpa fue de la vaca. Tal vez sí, tal vez no. Pero lo que he aprendido es que... CULPABLE O NÓ LA VACA, YO TENGO EN GRAN PARTE RESPONSABILIDAD.
Continuará...!

2 comentarios:

  1. Es el clásico síndrome de Adán y Eva, que todos padecemos, culpar a otros...
    Sin embargo, me alegro de que hayan salido con vida. Bendiciones
    Por otro lado... ¡Pobre vaca! Debió llevar la peor parte.

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  2. Gracias por comentar apreciado Willy, pues sì, esa es la naturaleza del hombre, el de culpar a otros sus errores.
    Ah, por cierto la vaca llegò a ser res.
    Muchas bendiciones.

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